Guía de estudo
Capítulo 5
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Conocer a Dios. Antes de entrar en la guía de estudio de esta conferencia, sería bueno definir lo que significa conocer a Dios.
CONOCER - (1): percibir directamente: tener conocimiento directo de (2): tener entendimiento de: experimentar.
Conocer a Dios es experimentarlo a él y su poder en tu carne y sobre ella. Conocer es percibir. La Escritura dice que las cosas del Señor no pueden ser discernidas por la mente carnal. Jesús dijo: “A menos que nazcas del Espíritu, nunca podrás ver el reino de Dios”. La palabra “ver” se refiere al discernimiento, o a conocer. Conocer a Dios es percibir en verdad que tu carne es el nuevo hombre, el templo del Dios viviente. También incluye la percepción de su vida y propósito en la carne, y el permitir que se cumplan.
El Señor conoce todos los problemas que afligirían a la iglesia. Hoy muchos en la iglesia se preguntan si tienen o no el Espíritu Santo, pero escuchen cómo trata este asunto el apóstol Juan.
1 Juan 2:3 Y en esto sabemos que lo conocemos, si guardamos sus mandamientos.
Aquí es donde la teoría se encuentra con la práctica. No olvidemos que conocer a Dios es percibir en verdad que tu carne es el nuevo hombre. Juan dice que la única prueba que tenemos de nuestra salvación es que guardamos sus mandamientos. Aquellos que cumplen 1 Juan 2:13: Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les escribo a ustedes, hijitos, porque han conocido al Padre.
CONOCER A DIOS
no tienen el Espíritu Santo, no pueden guardar los mandamientos del Señor. Pero nosotros, que lo conocemos, tenemos en nosotros el poder de Cristo y podemos andar en santidad todos los días de nuestra vida.
1 Juan 2:4-6
4 El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él;
5 Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.
6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. Debemos examinar verdaderamente nuestros corazones. Debemos discernir la vida que está obrando dentro de nosotros. La vida de Cristo y la vida del diablo son completamente diferentes. Por naturaleza, el diablo te llevará al pecado, mientras que Cristo siempre condenará el pecado y te guiará a la justicia. No debe haber confusión en este asunto. Si estamos luchando con nuestra salvación, es porque estamos luchando con el pecado. La respuesta es sencilla: esforcémonos todos por alcanzar la perfección. Si en verdad conoces al Señor, él demostrará su poder sobre tu carne; pero si no conoces al Señor, el diablo aprovechará la ocasión para demostrarte el poder de su cautiverio, llevándote una vez más al pecado.
Me convierto en mentiroso si profeso que conozco al Señor y camino en pecado. ¿Por qué? Porque rechazo su vida por medio de la carne. No he percibido el poder de su fuerza en las situaciones difíciles para mantenerme en paz y gozo y para hacer que yo prefiera la justicia. No he llegado a una verdadera comprensión del poder y la vida de Cristo. Escuchemos a nuestro hermano Pablo.
Filipenses 3:8-10
8 Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar á Cristo,
9 Y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
10 A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad á su muerte,
La resurrección de Jesucristo no es solo cuando Jesús resucitó de entre los muertos hace 2000 años; es también cuando nos revestimos del nuevo hombre. Pablo deseaba conocer el poder de la resurrección de Cristo en él. Cristo levantó de entre los muertos la carne de Pablo en la salvación con el propósito de vivir a través de él. Sin embargo, Pablo tuvo que dejar mucho atrás y sufrir muchas cosas.
Fue por medio de su sufrimiento que obtuvo el conocimiento del poder de Cristo. Si le hubiera negado a Cristo la oportunidad de vivir a través de él en cualquier situación, no se le habría dado la experiencia del poder de Cristo. Habiendo sufrido, colocó su alma en mansedumbre y humildad para poder presenciar el verdadero poder del Consolador, que es el Espíritu Santo.
Esto también revela otra prueba de nuestra salvación. La prueba de tu salvación es la paz en la obediencia y el consuelo en el sufrimiento. 2 Corintios 10:3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne: No deberíamos experimentar una guerra en nuestra carne mientras avanzamos hacia la perfección. La tentación es una oportunidad para conocer a Cristo y percibir el poder del nuevo hombre. Él debe hacer que tu alma repose en cada acto de obediencia. Si experimentas una guerra para obedecer, o sientes que no tienes el poder para hacerlo, examina si el Espíritu Santo mora en ti. Los que estamos en la fe debemos creer en el nuevo hombre y permitirle que nos consuele, para que experimentemos su poder sobre nuestra carne.
Dicho esto, es importante que entendamos que todo pecado es incredulidad. Para pecar, debemos estar en desacuerdo con el hecho de que Cristo es un consolador. Si nosotros, los que estamos en la fe, pecamos, tratamos de encontrar nuestra propia manera de consolar nuestra alma en una prueba o en una situación de tentación. No creemos que, si andamos en el espíritu, nuestra alma estará emocionalmente estable y en gran gozo y contentamiento. Dudamos del poder de Jesús y rechazamos su evangelio, que es que él en verdad es descanso. Hermanos míos, quiero hacerles recordar que a los cobardes, “Mas á los temerosos é incrédulos, á los abominables y homicidas, á los fornicarios y hechiceros, y á los idólatras, y á todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:8).
Los que conocen a Dios son un tabernáculo de Dios. Obedecen los mandamientos y experimentan que el Señor en verdad es bueno.